LA ÉTICA DEL COLECCIONISTAmmmmmmmmm
 
RECOGER CONCHAS, ¿UNA ACTIVIDAD INOCUA?
LOS DICHOSOS "SOUVENIRS"
MANUAL ÉTICO DEL COLECCIONISTA
 

 

 

Quién no disfrutó de niño recogiendo en la playa aquellas conchas que habían sido abandonadas en la arena por la marea… En principio, esta inocente actividad no supone ningún daño o alteración de la fauna recogida ni de sus hábitats. El problema surge cuando esta recolección se realiza en los hábitats naturales de los moluscos y cuando el número de ejemplares recogidos es injustificadamente elevado. Esos son los principales problemas que se asocian actualmente al coleccionismo irresponsable.

Una colección de conchas debe regirse por unas bases científicas y no reducirse sólo a un conjunto de conchas bonitas y/o raras que poder exhibir sin más. En primer lugar, debe ser un medio para conocer la naturaleza y acercarse a ella, y no para destruirla. Lamentablemente, los moluscos están gravemente afectados por la contaminación de las aguas y por la destrucción indiscriminada de los ambientes que habitan. Por lo tanto, es imprescindible no incrementar estos problemas a través de una captura descontrolada con fines coleccionistas. Ya en 1972, la Unidad Malacológica Europea, la asociación que reúne a los principales malacólogos del mundo, exhortaba a todos sus miembros a disminuir drásticamente la captura de moluscos y a que cumplieran las reglas básicas de protección de los moluscos y sus ambientes.

El coleccionismo de seres vivos en general, y el de moluscos en particular, constituye una industria tremendamente próspera a nivel mundial. Un coleccionismo irresponsable, basado en la compra y el intercambio masivo de especímenes, y no en la propia recolección, junto con la adquisición de souvenirs confeccionados a partir de conchas termina siendo la fuente de financiación de grandes colectivos de pescadores y buceadores de países subdesarrollados, que expolian los ricos fondos de sus exóticas aguas. A menudo, estos pescadores y buceadores arriesgan sus vidas para cobrar sueldos miserables y enriquecer, como suele ser habitual en estos casos, a unos pocos caudillos que son los realmente beneficiados de un comercio casi siempre ilegal.

Se podría hacer una lista casi interminable con los objetos decorativos hechos total o parcialmente de conchas que se pueden encontrar en prácticamente cualquier localidad costera. No hace falta que nos vayamos a China o a Taiwan; en la misma costa del Sol andaluza o en cualquier tienda de souvenirs de nuestras playas se puede encontrar collares, jarrones, barquitos, lámparas, pendientes, velas, colgantes, pulseras, bolsos, cajitas, y ridículos objetos decorativos de diseño "ñoño" para el turista que quiere llevarse un "recuerdo" de su estancia en la playa. Pues bien, la compra de tales objetos, además de contravenir el tan de moda desarrollo sostenible del que tanto se habla en la actualidad, puede resultar absurdo, simplemente si nos informamos un poquito y nos damos cuenta de que el 99% de las conchas que decoran estos souvenirs, incluso las que se venden en las famosas cestitas al por mayor (y que siempre están rotas, por cierto), proceden del archipiélago de Filipinas; por tanto, el que compra un souvenir a base de conchas en la Costa del Sol, está comprando un recuerdo de las Filipinas, curioso ¿verdad?.

Dejando aparte la procedencia de las conchas que se utilizan para confeccionar souvenirs, lo realmente importante de este asunto es que el ingenio humano parece no tener límites a la hora de idear artilugios y productos, a veces de lo más inútil, empleando conchas de moluscos. Obviamente el reclamo principal de tales productos es la belleza de las conchas, si bien hay un amplio colectivo que también se siente atraido por el carácter místico que a menudo se les otorga a las mismas, pues no en valde las conchas de moluscos han jugado diversos papeles destacables en algunas sociedades y civilizaciones la mayoría ya extintas (como objeto de culto, como moneda o como símbolo de autoridad).

Cuidar de la naturaleza y de sus especies está en mano de todos. Como ya hemos visto el coleccionismo puede llegar a ser tremendamente dañino para el medio natural, pero solo puede. El que lo sea o nó es nuestra responsabilidad. No quiero decir con ello que no sea posible hacer una colección sin dañar al medio. Los coleccionistas de conchas tenemos la inmensa fortuna de que los moluscos dejan de necesitar sus conchas cuando mueren. Se trata por tanto de aprovechar ese material que queda en el medio y que de todas formas terminaría por descomponerse.

A continuación os propongo una serie de pequeños consejillos, todos sencillos, para que vuestra actividad como coleccionistas de conchas sea compatible con la salvaguarda de la biodiversidad, o como está tan de moda ahora decir, sea lo más sostenible posible:

Dejar cada cosa en el lugar donde ha sido encontrada; volver a colocar en su sitio piedras grandes y pequeñas, así como la vegetación que se haya desplazado; tapar los agujeros que se hayan hecho y las guaridas en las que se haya mirado

Evitar la recolección de ejemplares vivos a toda costa, centrando la atención en conchas vacías. En caso contrario, coger un solo ejemplar de cada especie, o como máximo dos, para un eventual intercambio. Por supuesto, nunca coger vivas especies protegidas (incluidas en catálogos y libros rojos nacionales o regionales de especies amenazadas)

No retirar jamás por completo una especie de una determinada zona

No recoger ejemplares jóvenes que aún no se han reproducido.

Respetar las áreas de repoblación

No comprar ni intercambiar especies protegidas por el convenio CITES (Comercio Internacional de Especies Amenazadas), especialmente cuando el país exportador suscribió dicho acuerdo. En caso de contactar con algún coleccionista que te propone la posibilidad de mandarte especies protegidas (o incluidas en el CITES) porque las medidas de control aduanero son escasas o a través de cualquier otra artimaña (que siempre las hay), procura ser responsable y no dejarte cegar por el deseo ardiente de conseguir esas especies. Ya sé que cuesta decir que no a veces, pero piensa que somos muchos los coleccionistas en todo el mundo y que si todos nos comportamos de forma irresponsable......

Realizar un turismo responsable, y no contribuir al destrozo y contaminación de los hábitats costeros y de los fondos marinos

Recoger cada uno sus propios ejemplares, reduciendo en la medida de lo posible la compra, especialmente si las fuentes de suministro de esa compra son desconocidas o "sospechosas". En caso de llevar a cabo intercambios, tener suficientes garantías de que las fuentes que suministran esos ejemplares se rigen por este código ético

Coleccionar siempre con fines didácticos, es decir, que la colección tenga un objetivo pedagógico prioritario, hacer llegar el mundo natural a los demás, obviamente dentro del contexto de las normas éticas de comportamiento del buen coleccionista que se acaban de relacionar