Se sabe que en la tierra existen más de 5 millones de especies, de las que nosotros los seres humanos sólo conocemos la ínfima parte. Los moluscos, por su parte son uno de los grupos de animales más amplios. Solo son superados en número por los artrópodos, donde se incluye a los insectos. El número de especies vivas de moluscos se estima (algo arriesgado a mi parecer) entre las 80.000 y las 150.000, conociéndose además unas 35.000 especies fósiles. Pues bien, la taxonomía ordena, describe y clasifica a todos los seres vivos, teniendo como la unidad de una clasificación a la especie.
La mayoría de las personas tienen un conocimiento limitado del mundo natural y se relacionan principalmente con los organismos que influencian sus propias vidas. Más allá de la variedad de animales y plantas comunes, y algunos que nos interesan particularmente, lo usual es que se nos acaben los nombres y categorías. Los biologos, sin embargo se enfrentan con la tarea de identificar, estudiar, e intercambiar información de la vasta diversidad de organismos. Es por tanto razonable pensar que estos científicos deben disponer de un sistema homogéneo que pueda dar nombre a todos estos organismos para poder así agruparlos de forma ordenada y lógica. Elaborar este sistema es inmensamente complicado. El primer problema aparece con la unidad básica de la clasificación: la‘‘especie''. Pues ya resulta complicado abordar este término. ¿Qué es una especie?. En latin significa tipo, por lo tanto en el sentido más simple, las especies son tipos de diversos organismos. En 1940 Ernst Mayr, de la Universidad de Harvard, dio una definición más rigurosa: las especies son grupos de poblaciones naturales que se cruzan real o potencialmente entre sí y que han quedado aisladas de otros grupos. La definición de Mayr está de acuerdo con el sentido común: si los miembros de una especie intercambiaran libremente genes con los miembros de otra ya no podrían retener aquellas características únicas que los identifican como tipos diferentes de organismos.
Para la mayoría de los propósitos prácticos, una especie es una categoría en la que se ubica un organismo individual que se ajusta a ciertos criterios bastante rígidos concernientes a su estructura y otras características y desde un punto de vista evolutivo, una especie es un grupo de organismos (población), unidos reproductivamente y que probablemente cambien a través del tiempo y del espacio.
De acuerdo con el sistema binomial de nomenclatura ideado por el naturalista sueco Carlos Linneo en el siglo XVIII, y aún en uso, el nombre científico de un organismo esta formado por dos partes: el nombre del género más un epíteto específico (adjetivo o modificador), el nombre del género siempre se escribe primero, por ejemplo Cepaea, y el epíteto después, por ejemplo nemoralis, pudiendo usarse Cepaea sólo cuando uno se refiere a los miembros del grupo entero que constituyen ese género, como por ejemplo: Cepaea, Conus, Cypraea, Lymnaea....... Esa denominación suele ir seguida de un paréntesis donde figura el nombre del autor que determinó esa especie por primera vez y el año de la determinación, por ejemplo Cepaea nemoralis (Linné,1758). Como Linneo (o Linné) fue el que ideó el sistema y puesto que fue él el primero en ponerlo en práctica, es natural que muchísimas de las especies que veas por ahí tengan precisamente como autor a Linneo. Por cierto, los nombres científicos por aquello de que están en latín suelen escribirse en cursiva.
Un epíteto específico por sí sólo carece de sentido ya que especies diferentes en géneros diferentes pueden tener el mismo epíteto. Por ejemplo, el epíteto reticulata hace referencia a un patrón reticulado de la concha que poseen numerosas especies de moluscos, como Diodora reticulata, Distorsio reticulata, Colubraria reticulata u Oliva reticulata. El epíteto solo, por tanto, no nos entrega información.
Quienquiera que describa a un genero o una especie por primera vez, tiene el privilegio de darle su propio nombre, pero frecuentemente recibe el nombre de un amigo o de su colega. Por ejemplo el caracol andaluz Iberus cobosi hace mención al malacólogo A. Cobos, a pesar de no haber sido éste su autor.
Estos binomios son una herramienta necesaria para que haya una comunicación clara e inequívoca entre los que manejan a estos organismos, ya sean biólogos o no. Cuando se usan diferentes idiomas los problemas de comunicación serían insalvables sin un sistema de nomenclatura universalmente reconocido y aceptado.
En otro orden de cosas, la taxonomía de los organismos es un sistema jerárquico que consiste en grupos dentro de grupos. En este sistema cada grupo se llama taxón y el nivel que se le asigna se llama categoría. En la época de Linneo habían 3 categorías: especie, género y reino. Carlos Linneo y otros taxonomistas añadieron otras categorías: familias, ordenes, clases, filum o división. Los naturalistas reconocían 3 reinos: vegetal, animal y mineral. Actualmente sabemos que existen 5 reinos los cuales son: monera, protista, Fungi (hongos), plantae y animal. La categoría fundamental en la clasificación jerárquica es la especie.
Carlos Linneo clasificó a los organismos según sus características morfológicas; este sistema de clasificación fué llamado sistema Linneano, que también es el sistema vigente. Inicialmente se clasificó a los organismos como si fueran etiquetas cada una de las cuáles debería ir en su casillero correspondiente de manera que cuando todos estos casilleros estuvieran completos se iba a comprender la diversidad de la vida. Este sistema sólo funcionaba si las especies eran estáticas e inmutables. Sin embargo, al aceptar que las especies evolucionaban este tipo de clasificación parece inadecuado.
Por ese motivo, actualmente prevalece una sistemática filogenética. La filogenia es la rama de la biología que estudia la evolución (historia) de las especies, la cuál queda recogida en la información genética de sus células. Para que lo entiendas fácilmente, ahora dos especies no son próximas en su sistemática porque sus formas sean similares, sino que es necesario comprobar su parentesco genético. Gracias a los avances en técnicas de estudio bioquímico y genético se han podido determinar las similitudes y diferencias entre enzimas, proteínas, hormonas, vías de reacción y en las moléculas estructurales importantes de células de especies que hasta ahora se consideraban próximas en su clasificación, obteniéndose sorprendentes resultados que han aconsejado a veces incluso que se trata de especies muy separadas en la evolución. Por tanto, hoy en día no se concibe la descripción de una nueva especie sin realizar el correspondiente estudio bioquímico o genético y, por supuesto, ya se ha dejado de utilizar solo las conchas como herramienta exclusiva de clasificación. Eso no quiere decir que no se siga utilizando la concha como una ayuda, a veces imprescindible.